Acabas de perder tus quintas Finales de la NBA. Imagino que estarás pasando un mal momento, aunque ya estás ”acostumbrado” a lidiar con este tipo de derrotas.

El año pasado conseguiste algo que nadie había conseguido en toda la historia: remontar un 3-1 en contra en la última ronda de las eliminatorias hacia el Anillo. Junto a ese logro histórico devolvías la ilusión a una ciudad que no había visto a ninguno de sus equipos profesionales ganar un título desde 1964 (52 años, que se dice pronto) y continuabas moldeando tu cara en el Monte Rushmore del baloncesto.

Ese mismo verano asegurabas que el único objetivo que te quedaba en tu carrera era ”perseguir ese fantasma que jugó en Chicago”. Difícil misión en un mundo resultadista y al que le cuesta tanto entregar un poco de amor hacia alguien que compite contra sus dioses. Si ni siquiera van a valorar tus logros, ¿cómo van a colocarte a la altura de sus jugadores favoritos?

Probablemente estarás en el avión de camino a Cleveland pensando cómo vas a poder derrotar a estos terribles Warriors (el monstruo de mil cabezas, como se les denomina en diversos medios), que ya eran uno de los mejores equipos de la historia y que encima añaden a todo un MVP (ahora también de las Finales) como Kevin Durant.

Junto a ese pensamiento que te reconcomerá durante todo el verano también te encuentras en paz contigo mismo, sabiendo que lo has dado todo y, aunque los hitos individuales en estos casos importan más bien poco, has destrozado unos cuántos records en este camino que ha desembocado en una nueva derrota.

Porque, a pesar de ella, eres el máximo anotador de la historia de los PlayOffs (precisamente superando al fantasma al que persigues), el jugador que más triples-dobles ha conseguido en las Finales y el único en promediarlo durante las mismas. Porque eres el único jugador de la historia de los PlayOffs en estar en el top-10 en puntos, rebotes, asistencias, robos y tapones. Y porque ya puedes perder 10 Finales más, que sabes que los amantes del baloncesto que no impregnamos la realidad con odio sabemos qué lugar ocupas ya en la historia de la NBA.

”Volveremos”, le has dicho a Kyrie Irving nada más concluir el Game 5. Porque tú siempre vuelves dispuesto a dar guerra, alimentándote de las derrotas y mejorando (aunque es difícil siendo el tremendo jugador que eres) para ayudar a tu equipo a alcanzar la cima de nuevo.

No puedo concluir esta carta sin citar las palabras que te acaba de dedicar, hace escasas horas, precisamente, tu segundo espada y tu hermano, Kyrie Irving:

”Sé que mucha gente habla de su grandeza, pero en realidad es mucho más de lo que se dice…  Es jodidamente increíble. Como un estudiante del juego, sería una idiotez si no intentase aprender lo máximo que pudiera mientras juego con ese tío. Cada día me exige más a mí mismo, a todo el equipo y es la definición exacta de un profesional. Me ha enseñado cómo funcionan las cosas, no solo dentro de la pista sino también fuera. Las cosas que de verdad importan, cuidar tu cuerpo, entender la magnitud de los objetivos que nos marcamos y los pasos que hay que tomar para alcanzarlos, ya que no puedes saltarte ninguno. Esa es una de las cosas que he llegado a entender, ya que cuando eres joven lo quieres todo en el momento. LeBron lleva mucho tiempo en la Liga y ha visto todo lo que pasa en la pista, fuera de ella, cómo tratar con la prensa, cómo lidiar con todo el mundo y cómo posicionarse en el momento adecuado. Independientemente de que creas en él o no, va a aparecer.  Y ese es el tipo de personas con las que quiero ir cada vez que me toque ir a la guerra. Porque sé lo que esperar de él como el líder que es. Con él al lado no quieres dar un paso atrás, te vas hacia la primera línea con un tipo como él y quieres elevar tu nivel de juego. Y es por eso por lo que quiero continuar con él, porque sé que codo con codo el cielo es nuestro límite. He aprendido un montón y voy a continuar haciéndolo, y no puedo estar más orgulloso de él. Lo ha dado todo en la pista y ha promediado un triple-doble en las jodidas Finales, tío… Añade eso a su lista de logros que parece que todos continúan olvidando”.

Nadie ha podido definirte mejor que Kyrie, Lebron: un líder, un erudito del baloncesto  y un jugador que siempre lo da todo en la pista.

El año que viene volverás, y sé que lo harás más fuerte que nunca.

Larga vida al Rey.

Escrito por David Calvet
Futuro periodista y amante de la NBA. Twitter: @dcalvetsancho